Los Tarahumaras

Los tarahumaras son el grupo indígena más numeroso que habita en Chihuahua, con una población estimada de 75 mil personas. También se les llama rarámuri, que significa «el de pies ligeros».

tarahumaras

Por su aislamiento, el tarahumara ha conservado, a lo largo de los siglos, una pureza de sangre y cultura quizá más que cualquier otro grupo indígena de México.

Aunque la mayoría habita en la Sierra Tarahumara, existen grupos numerosos en las ciudades de Juárez y Chihuahua, a donde se han desplazado en busca de trabajo. Viven en comunidades pequeñas, integradas por varios ranchos ocupados por familias extensas de padres, hijos y nietos. Se dedican a cultivar maíz, frijol, calabaza, chícharo, como lo han hecho durante siglos.

Se cree que cuando llegaron los españoles a la región vivían de manera similar en rancherías, esta invasión les causó enormes conflictos, pues los misioneros trataron de agruparlos alrededor de las misiones que fundaron con la intención de catequizarlos y de que sirvieran de mano de obra en minas y haciendas; a los tarahumaras no les gustó ese modo de vida y reaccionaron de forma violenta, destruyeron unas 20 misiones y se enfrascaron en luchas por su teritorio durante el siglo XVII. Al ser derrotados decidieron replegarse a las zonas más remotas de la sierra, donde hasta la fecha conservan su cultura.

Por su aislamiento, el tarahumara ha conservado, a lo largo de los siglos, una pureza de sangre y cultura quizá más que cualquier otro grupo indígena de México. Pacíficos, eternos migrantes, gozan de una fortaleza física envidiable. Los enfermos recurren a curanderos o hechiceros, quienes extraen la enfermedad del cuerpo del paciente succionándola con la boca. La mujer no requiere auxilio para dar a luz, y se reincorpora a la vida cotidiana al día siguiente del alumbramiento.

Tarahumaras

Tienen autoridades y leyes propias con sede en los poblados más importantes. El Síriamae o gobernador imparte justicia con el auxilio de un puñado de hombres; los domingos, en audiencia pública, tratan sus problemas. Se castigan con rigor el adulterio y el robo, por el cual sienten repugnancia. Por votación nombran sus autoridades. Las faltas graves las someten a las autoridades mestizas, para lo cual el gobernador es el enlace entre su pueblo y las instituciones mestizas.

Aunque reservado, solitario y aislado, el rarámuri es atento y ceremonioso. No le agradan las visitas, pero comparte su alimento generosamente. Ni a casa de amigos o familiares se presenta sin invitación, que solamente se da si existe algún motivo importante.

Festividades

Los tarahumaras conservan muchas de sus tradiciones culturales a pesar de las presiones a que son sometidos por la sociedad mestiza.

Tienen 2 tipos de festividades: las que realizan en el patio de su casa o awílachi, como parte de sus actividades cotidianas, y las relacionadas con las fiestas religiosas, que se celebran en las fechas marcadas por el calendario católico pero impregnadas de sus ideas ancestrales, en un sincretismo bastante usual en otros grupos indígenas de México.

Por lo general, celebran al santo patrono de la comunidad, el 12 de diciembre, día de la Vírgen de Guadalupe y el 24 de diciembre.

El tesgüino, bebida elaborada con maíz germinado y fermentado, acompaña y añade euforia a las celebraciones.

Fiestas religiosas

La festividad más importante es la Semana Santa o Norirúachi –significa Lugar para dar vueltas–, la comunidad acude a la celebración litúrgica, las mujeres y algunos hombres se ubican dentro del templo y, fuera de éste, los hombres jóvenes realizan una ceremonia de dar vueltas al templo. Se organizan en una o dos filas en el atrio de la iglesia donde hacen sonar sus tambores y violines, al ritmo de La danza del Paskol, luego salen del templo hacia el norte y caminan a su alrededor, deteniéndose a rezar un poco en cada uno de los 6 arcos que formaron con ramas de árbol y adornados con flores de yuca; vuelven a entrar al atrio y a salir pero por otro de los puntos cardinales, para proseguir el mismo ritual durante toda la noche, porque deben bailar mucho para que no suban las cosas malas del inframundo como la sequía y las enfermedades.

Norirúachi es además, su año nuevo, la época en que luchan las cosas de riosi (dios) con sus representantes los morokos que buscan la paz y el orden, y se distinguen por un sombrero con plumas de guajolote, contra los juríosi que quieren el desorden, pues representan al riablo (diablo). Los juríosi se pintan el cuerpo de diferentes maneras según la región: en Norogachi se dibujan bolitas (motas) blancas, rojas y negras, en Satebó se pintan todos de negro; en Tónachi la cara de negro y el cuerpo con arcilla blanca; también de blanco en Guadalupe y Calvo pero agregando arcilla negra alrededor de los ojos para simular unos lentes oscuros en alusión a los narcos.

El Norirúachi culmina el Sábado de Gloria con la quema del Judas, la representación del mal.

Fiestas Tradicionales

La fiestas de patio o awílachi están muy relacionadas con sus actividades agrícolas y familiares, colocan un altar con tres cruces al oriente de un patio circular para el ritual si van a curar a una persona, pedir la lluvia, antes de sembrar o agradecer la cosecha. El curandero o owirúame canta y baila, es decir reza porque eso significan para el rarámuri el canto y la danza, una plegaria; ellos se ponen contentos con la música porque alimenta sus arewá o fuerzas.

El owirúame ofrece a los cuatro puntos la sangre de un chivo o vaca sacrificado y marca el ritmo de la música con su sonaja, se oyen tambores, flautas, violines y guitarras interpretando la danza del Paskol, la de Matachines y la de las Mujeres o pochi.

También son importantes las ceremonias que realizan cuando entierran a sus muertos (difuntos) y la dedicada para entregarles la comida que necesitan en el largo viaje que emprenderán hacia arriba, hacia el cielo o ripá. Su sentido de comunidad es muy fuerte, están acostumbrados a trabajar en grupo, se ayudan a construir una casa, levantar una cerca, preparar la tierra para sembrar o arreglar un camino de terracería, pues consideran que es mejor el trabajo colectivo y le llaman napawí nochama; al final, la persona que recibió la ayuda les ofrece a todos tesgüino.

En la fiesta de yúmari se agradece a Onorúame la vida que existe en el mundo, tal como lo han hecho durante generaciones los rarámuris. El siríame encabeza la ceremonia que inicia con un saludo frente a la cruz, los hombres le dan tres vueltas por el lado derecho y las mujeres tres vueltas por el izquierdo, eso significa que ellas son capaces de dar vida como la tierra.

En el sitio se sacrifican cabras y gallinas que se cocinan en una gran olla. La danza dura toda la noche, un anciano la dirige con una sonaja y canta, mientras bailan toman tesgüino y comparten la comida que prepararon.

Diversión

Para divertirse los hombres juegan la carrera de bola o rarajipa, consiste en correr e ir pateando una bola de madera dando vueltas de un extremo a otro en un espacio delimitado; gana el que da más vueltas. Son dos equipos, cada uno con un jefe encargado de organizar a su gente y reunir las cosas que las personas le apuestan a su equipo; ambos jefes colocan a la vista de todos lo reunido y lo entregan al ganador. Lo usual es que la competencia dura todo un día y una noche, pero puede prolongarse por tres días; hazaña física que comprueba su extraordinaria fortaleza, y que usualmente les permite recorrer a pie enormes distancias de su territorio.

También las mujeres son fuertes y caminan grandes distancias; colaboran en actividades agrícolas de siembra, barbecho y recolección de la cosecha, además de cocinar y cuidar a sus hijos.

Las mujeres tienen la ariweta, un juego de dos equipos donde van aventando un aro de tela con un palito de madera, también dando vueltas. Por lo general apuestan faldas, blusas, rebozos, telas y dinero.

En el templo se baila la Pascola, entre cánticos, violines y maracas. Varios toretes, regalados por miembros de la comunidad, son sacrificados.

Para preparar el tónare: parten la vaca y lo vacían en ollas donde se cuece hasta formar una masa espesa que comen sin sal, acompañada con tortillas de maíz.

Todas las formas de festividades, juegos y ceremonias constituyen la base fundamental para mantener la cohesión grupal, el sentido de comunidad y de ser un rarámuri. En ellas confirman que cumplen lo que les enseñaron sus antepasados, se apoyan y socializan: se forman parejas, resuelven problemas, se casan y se divierten. En pocas palabras les permite seguir siendo rarámuris, orgullosos de su raza y su espíritu indomable.